| CAPÍTULO SEGUNDO : EL CASCANUECES.
El ambiente y la atmósfera que creaba la decoración y la luces que había en Londres entre finales de Noviembre y principios de Diciembre, unido a los edificios y calles, me cautivó; pero lo que realmente me robó el corazón fue un hotelito muy tranquilo y acogedor en Blackheath Village, enfrente de laE estación de tren, contaba solo con seis habitaciones, y en esas fechas muy bien decorado con motivos navideños, con sencillez y elegancia; regentado por un matrimonio, James y Ely. Y desde entonces siempre voy por esas fechas allí. Fue, como no, en noviembre de hace seis años. Mi colega Rick, un gran fotógrafo de moda, propuso ir a Londres, a un curso de fotografía de moda durante una semana, con la mejor fotógrafa de moda a nivel mundial. Solo era para profesionales con cierta trayectoria, y para seis personas, y un precio muy elevado, tanto por el curso como por la estancia; y había que enviar un Porfolio adjuntándo la trayectoria y formación. Comentaba a Rick que era imposible que me escogieran, solo llevaba tres años, y mi Porfolio no era muy bueno. Había mejorado en la calidad fotográfica, pero era consciente de que me faltaba un poco más de tiempo. Me terminó de convencer, y lo envié. Solo admitió la fotógrafa quince solicitudes para elegir seis, y se tenía que reservar con la solicitud con quinientas libras, que si no se era elegido se devolvería, creo que tuve mucha suerte el de poder enviarla, por los pelos en el último momento, fuí la solicitud número catorce, y el decimoquinto fue Rick. Diría a los seleccionados al mes de finalizar la solicitud, que sería unas tres semanas antes del curso, para que se pudieran organizar los asistentes. Al echar la solicitud con el Porfolio, donde había que adjuntar formación y RRSS y Web, tenía RRSS y Web, una formación, pequeña pero de buena calidad con grandes fotógrafos, pero en especial una formación de una fotógrafa pictórica de Almería, con gran trayectoria e influyente, que me enseñó muchísimas cosas. No tenía muchas esperanzas en ser escogido, por lo que me dedicaba a mis cosas, y pensando en qué iba a invertir esas 500 libras. Un miércoles a las once de la noche, Rick me escribe un whatsapp, diciendo si he mirado lo del curso de Londres, le dije no; le felicité por ser escogido, pero insistió en que mirase; “bueno”, le dije, miré y no lo podía creer, Rick y yo habíamos sido seleccionados. No lo podía creer, en tres semanas “To London baby”, no pude dormir esa noche, pensando un montón de cosas e informándome mejor sobre la fotógrafa, y adquirí su último libro para que me lo dedicase. Ese taller de una semana, lo recuerdo con mucho cariño, conocí a fotógrafos de otras partes, Francia, Escocia, Suecia e Italia, con la fotógrafa hubo buena relación, con la que empezamos a tener más trato. En Londres, hay en esa época del año, como ya comenté, tiene un ambiente embragiador, la atmósfera, que hace quedarse allí para tomar un montón de fotografías de calle muy interesantes; y la gente tan diversa y cosmopolita que hay. En esa semana, coincidió en que en el Centro de Londres se interpretaba la obra de Ballet “El Cascanueces”, lo ví anunciado en el hotelito, estaba decorado con fotografías de ballet, en concreto había una bailarina que se repetía en muchas ocasiones; por lo que dije a Rick de ir a verla; ya que llevaba un año inmerso en el mundo de la Danza, y quería tener más conocimientos para tener referencias. Era la Compañia Nacional de España, así que íbamos a deleitarnos mucho. Rick, el muy pícaro, sabía que me interesaba mucho ese mundo; al salir de la habitación no llevaba la cámara, pero dijo que la cogiése, que íbamos a practicar fotografía de calle por la noche después de ballet y de unas cervezas, a ver que salía; pero ooohh!!! Sorpresa, al llegar al Teatro, me llevó a la puerta que da al Backstage, y me quedé en blanco, y al mirarme Rick, se empezó a partir de risa, diciendo que era algo que tenía en mente, y que conocía a una bailarina que le dió pases no lo podía creer, y sin flash, a ver cómo me las podía apañar ahí dentro, menos mal que había bastante buena luz, y pudimos entrar en toda esa zona como Pedro por su casa, haciendo fotografías a las bailarinas, y a todo el mundo, super bien caracterizados; vamos una virguería. De repente, vi a una bailarina, la misma que había visto en el en las fotografías del hotelito; esas fotografías no le hacían justicia. Emanaba elegancia, delicadeza y una tranquilidad que generaba su rostro impresionante; pelo color caoba, ojos marrones claros. Cerca de ella en el pasillo oscuro pero solo visible por las luces cenitales blancas que había cada dos metros, le pedí si se podía poner debajo de una de esas luces, accedió, le indique una pose, y fue sublime la luz que le daba y le aumentaba sus cualidades. Al darle las gracias, le pregunté su nombre, Clara; y se fué rápidamente, y en ese momento fue como una estrella fugaz que se desaparece en el firmamento, y algo dentro de mí me indicaba que no la volvería a ver más. La obra de Ballet «El Cascanueces», fue espectacular, se me hizo corta. Después, fuimos a la puerta donde entramos al teatro, para ver a la amiga de Jack, Linda era su nombre, para irnos a tomar algo, pero no ví a Clara, pregunté por ella a Linda, pero evadió la pregunta, hizo una mueca indicando que me olvidara de ella. Esa noche, nos dió el amanecer, fue estupendo vivir la noche en Londres, el ambientazo que había, y no teníamos mucho tiempo de ir al Hotel y volver al curso de fotografía, por lo que fuímos de empalmada. Ese día del curso era de práctica de estudio con tres modelos. No tenía mucha batería por lo que tuve que administrar muy bien los disparos ese día. En los cursos no suelo hacer muchas fotografías, prefiero quedarme como trabaja el fotógrafo, y hago fotografías en plan apuntes. Al revisar las fotografías en la cámara, aparecío Clara, y me dió un frio por todo el cuerpo, por lo que no reaccioné en unos minutos. Rick y yo, decidimos quedarnos en Londres una semana más después del curso, en plan vacaciones, para oxigenar nuestras mentes. En ese tiempo no me acordé de Clara, la Compañía se había ido a Viena a seguir con la gira de Ballet. Así que quisé disfrutar de Londres esos días. Ya en Madrid, y en la tranquilidad de mi estudio fotográfico, viendo las fotografías, me quedé ensimismado con la fotografía de Clara que le hice en el pasillo. Me pareció buena fotografía, por lo que decidí imprimirla y enmarcarla y ponerla en el estudio para en su sitio muy visible. Viendo la programación del Teatro Real, a principios de Enero, el día 3, se representaba “El Cascanueces”, por la Compañía Nacional, llamé inmediatamente a Rick por si se venía conmigo, pero declinó la invitación, ya que se había peleado con Linda; pero quería ir por si veía a Clara. Y mi plan de ir la Backstage se fue. Después de la actuación, me atreví a ir a los Backstage para ver si podía ver a Clara, pero no me dejaron, así que fuí a la calle a la puerta donde podrían salir. Empezaron a salir y pregunté por Clara, decían que ya saldría, por lo que esperé, estuve ahí como media hora hasta que salió, y me quedé sin palabras, en blanco, lo que ella notó, se me acercó con una sonrisa angelical, y me dijo si había preguntado por ella, a lo que le dije si con un tartamudeo que no había tenido nunca, iba tan elegante, unos pantalones negros, unos botines negros, un abrigo negro y una bufanda grande de color granate; le pregunté si podíamos tomar algo, le dije que conocía un café discreto cerca; ACCEDIÓ!!!!, y le dije si nos saludamos ya de manera formal, le dije como me llamaba, a lo que dijo que se acordaba, y se me escapó un “wow!!!!”; me dió la mano para saludarme, y llevaba puestos unos guantes de seda tan delicados, que me dió cosa apretar la mano por si se la rompía, era como de porcelana. Ya en el café, donde solían también ir los pintores, escritores, fotógrafos, etc., como siempre con esa atmósfera que te atrapa; intenté empezar la conversación, después de que nos sirvieran, en ese café siempre me pido un Gin-Tonic; a lo que me interrumpió, y me dijo Clara que indagó un poco sobre mí, ya que ese día en Londres, me vió anonado ante ella, y que quisó saber un poco de mí, y sabía que estuve en un taller de fotografía y vío mi web y mi IG, me quedé rojo; le gustó el trabajo que tenía. Luego empezamos a hablar y nos dieron las tres de la mañana, Luigi, el dueño del Café, iba a cerrar, pero nos ponía la última mientras recogía, pero en ese momento teníamos ganas de “quemar” Madrid, por lo que nos fuimos a la zona de Huertas, que cerraban casi al alba. Y nos dieron las 8 de la mañana en la Plaza de Callao, y claro, un jueves en Madrid a esas horas, lleno de gente que va a trabajar. Y en ese momento, parecía que no había más personas que ella, nos quedamos mirándonos a los ojos, me dió un beso en los labios, no quería que ese momento se acabara. Y como cenicienta, se tenía que ir, que le tocaba ensayo en una hora. Se fue con paso ligero a coger un taxi, antes de entrar en el taxi me miró e hizo un gesto con la mano mientras decía, te llamo. Y me quedé ahí inmóvil, mientras una muchedumbre pasaba por mi lado sin darme cuenta, al estar ya en el taxi y mientras se iba, me lanzó un beso con su mano y con esa sonrisa tan angelical y mágica que tiene. Y al cabo de unos minutos me ví yendo andando hacia el estudio, quería ir andando, y al cabo de unos minutos me acordé que tenía una sesión fotográfica en el estudio, para una marca de ropa, iban a venir a las nueve y media, por lo que decliné el ir andando y cogí un taxi. Desde ese día, no volví a ver a Clara, la compañía de Ballet aún estaba de gira, y se iban a París, a Leipzig, a Milán; y de ahí a New York, y luego a Los Ángeles. Solo hablamos por IG en pocas ocasiones. Tenía mucho éxito su compañía. A los tres meses de vernos la hicieron bailarina solista. Me alegre, y se lo hice saber. Aún recordaba esa noche en Madrid. A Clara, y como nos dieron las 8 de la mañana en la Plaza de Callao. Me gustó la idea de ir en esa época del año, finales de noviembre principios de diciembre, un par de semanas de descanso. Iba solo siempre, pero no me importaba, para mí era retirarme un poco del mundo y cargar pilas, iba mucho a The National Gallery, a otros museos y exposiciones, al Ballet, a conciertos de música clásica, ir a bares de Jazz. Era como un par de semanas de descanso y de aprendizaje ya que lo dedicaba a estudiar y leer, y cultivar mi visión fotográfica, pero de una manera relajada. Iba al hotelito que estuvimos esa primera vez, en Blackheath Village, me hice amigo de los dueños, James y Elisabeth, lo tenían desde hace 25 años, pero es tan acogedor el hotelito, que siempre me da pena y tristeza el irme, y de su compañía, muchas noches, nos quedábamos hablando los tres junto a una botella de Ginebra y sus tónicas, la botella nos dura casi todo el tiempo que estoy allí cada año, hablamos de muchas cosas, pero sobre todo, me encantan las historias de ballet clásico que cuenta James, me inspiran mucho, tiene mucho mundo y mucha cultura, se nota que en su hotelito, pasan muchas personas de todo el mundo, con las que establece una gran amistad, y claro le cuentan como están las cosas de todas partes; y luego da gusto oírle, su mujer Elisabeth y yo nos quedamos ensimismados mientras cuenta historias, ella siempre le escucha como si fuera la primera vez que cuenta la historia, aunque sea la enésima vez que la oye. Tienen mucha elegancia y educación, les tengo gran cariño y lo saben. Una noche, al llegar al hotelito, me fijé que pusieron una fotografía de considerable proporción de Clara, me quedé mirándola. James, se percató; y me empezó a contar la historia de Clara, la adoptaron cuando era pequeñita, estaba en un orfanato de Londres, ellos no podían tener hijos, y decidieron adoptarla, tenía unos tres años, la cuidaron y educaron muy bien; solía bailar en esa edad mientras James y Elisabeth veían ballet en la TV, por lo que cuando cumplió seis años, le apuntaron a la Academia de Danza que había en Londrés. Se le dió muy bien desde el principio, y pudo acceder a la Compañía de Ballet de Londres. Lo compaginaba con los estudios. Un año, actuó en el Teatro Real de Madrid, y la Compañía de Ballet, al ver su actuación le dijeron si le interesaba pertenecer a la Compañía de Ballet, se lo tuvo que pensar, ya que no quería dejar solos a James ni a Ely, pero éstos le animaron a que aceptara, ya que sería una gran oportunidad para ella. Y desde entonces vive en Madrid. Siempre me dan la misma habitación, la que da a la calle, ya saben cuando voy y a lo que me dedico, por eso me guardan esa habitación que da a la estación de tren, es una visión única, y con una luz especial, aunque cambie a lo largo del día la luz, le da un toque muy especial, me enamora mucho esa imagen. Creo que tengo como unas mil fotografías desde esa ventana y con distintas escenas, no hay escena que se repita, parece una visión nueva; con niebla, lloviendo, nublado, soleado; hay tantos tipo de luz y tantas escenas diferentes, que cada fotografía es mágica, y todas juntas es como si contase una historia de esa calle y de sus gentes; es algo tan gratificante y acogedor. A James y a Ely, les gustaba también Ballet, no solían ir, lo veían en la TV, pero cuando iba, les invitaba a ir, y aceptaban, luego veníamos al hotelito, y Elisabeth preparaba una cena tan suculenta que nos daban esa noche las tantas. Solían poner en su hotelito un cartel de actividades culturales y de sitios a donde ir en Londres, y en especial un cartel dedicado al Ballet, de todas la actuaciones del año. Al cuarto año de ir a Londres, ví en ese cartel especial de Ballet que venía la Compañía de Ballet, y Clara como bailarina solista, se convirtió en la mejor bailarina de ballet clásico del mundo. Al ver el cartel me estremecí y me acordé de aquella noche mágica en Madrid. Llevábamos mucho tiempo sin estar en contacto, solo sabía de ella por la prensa, las revistas y por la página web de la Compañía; me preguntaba si se acordaba aún de mi. En este año James, tuvo un percance arreglando unas cosillas del hotelito, que tuvo una fractura en la muñeca izquierda, y no tenía muchas ganas de ir al Ballet, por lo que fuí solo. A ver si veía a Clara, este año iban a tener tres funciones. Esa mañana, escribí a Clara un mensaje, diciéndola que estaba en Londres y tenía pensado ir al Ballet, y si nos podíamos ver. Contestó que pasara por la taquilla, dejaría allí un pase para Backstage. Antes de la actuación me fui de paseo por Londres, me gusta como está ciudad a esas horas, ese ambiente que tiene. Después de esa magnífica actuación, la ví más radiante que nunca, con una elegancia sublime; me acerqué a su camerino, abrió la puerta su asistente, se estaba desmaquillando, y ya quitado el vestuario y con un albornoz blanco puro. Me saludo, no se levantó, me acerqué a ella, y mirándome tras el espejo, sonrió, diciendo cuanto tiempo sin vernos; “si, desde Madrid”, contesté, sonreímos. No dijimos nada en un tiempo. Me preguntó como la ví en el escenario, “sublime” la respondí, sonrió mientras se quitaba el maquillaje. cogí una silla y me puse a su lado, la miraba mientras se arreglaba; miraba luego a su camerino, muy ordenado. Durante un tiempo no nos dijimos nada; no me atrevía a decir nada, tenía ganas de contarle que su historía me la contó James, pero no me atreví. Le comenté si le apetecía tomar algo, a lo que respondió que mejor mañana que tenía el día libre; nos quedamos un buen rato hablando. Al día siguiente, quedamos a comer, y se notó que estaba más descansada, y pareció que no paso el tiempo, que era la continuación de las 8 de la mañana de la Gran Vía de Madrid, pero en ese momento era en Piccadilly Circus, y un jueves por la tarde, todo lleno de gente, pasando por nuestro landó, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos con nuestras manos se entrelazaban, y empezamos a caminar entre anécdotas que nos habían pasado durante todo ese tiempo, parecía que no pasaba el tiempo, hasta que el Barman del café donde nos encotrábamos nos indico la hora de cerrar; salimos del café y solo faltaban dos horas para el amanecer, y que mejor sitio que verlo en el puente que hay al lado del Big Ben; así que nos fuimos allí con los brazos enebrados, en silencio, mientras la brisa bañaba nuestros rostros. Era un momento único e inolvidable. Pasamos por un 24h a comprar un café para tomarlo ya en el puente. Seguíamos sin mediar palabra, nos apoyamos en el muro del puente, y al rato empezó a amanecer, al rato, Clara, con su sonrisa risueña de siempre, se acercó a mi oido, y me susurró que se tenía que ir, mientras sonaba la hora en el Big Ben, y como no, las 8 de la mañana, pero esta vez se fue andando, mientras su silueta se perdía entre la gente, pero esta vez no se volvió para decirme nada, ni un ya hablaremos. Me volví a apoyar en el muro del puente, con la mente en blanco, pensando el obra de El Cascanueces, Clara era como el duende que solo aparece en Navidad. A lo que decidí ya pasar el día en el centro de Londres, y disfrutar de ese ambiente navideño que había. Al llegar por la noche al hotelito, Elisabeth, me entregó un sobre, lo abrí, y eran unas líneas de Clara: “Querido Luigi, siento lo de esta mañana, he venido al hotelito donde te alojas para despedirme personalmente de tí, pero no estabas. La otra noche fue mi última actuación, me retiro; voy a formar mi propia compañía de Ballet, en Toronto. Espero que te vaya bien. Un beso. Clara”. En ese momento Ely puso su mano debajo de mi barbilla y con su sonrisa tan dulce y reconfortante, me dijo: “Mejor así, Luigi”. A lo que le hice una mueca de asentimiento. La fotografía que tengo de Clara en mi estudio, hice una copia más grande y la puse en el medio de la pared donde más se viera. Creo que fue el mejor regalo de Navidad pudiera tener esa imagen tan embaucadora, era para mi lo que debía tener una buena fotografía, buena luz, buena composición y un mensaje que andaba buscando desde hace mucho tiempo, elegancia, sencillez, sofisticación, tranquilidad y ballet. —
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